Diplomado en Análisis CrÃtico de Datos Educativos
Inicio 07/08/2026
Escuela de Educación
Facultad de Ciencias Sociales
Hace algunas semanas, la Agencia de Calidad publicó los resultados del SIMCE 2025. Los titulares fueron alentadores: estabilización de aprendizajes y recuperación de niveles prepandemia en segundo medio. Todo muy bien. Pero hay una pregunta que esos titulares no hacen: ¿qué pasa con los que no rindieron la prueba?
El informe señala que aproximadamente un 13% de los estudiantes de segundo medio no rindió la prueba, es decir, casi uno de cada ocho. Sin embargo, no se informa quiénes son esos estudiantes ausentes.

Mirar en detalle los datos del SIMCE 2024 nos permite responder esa pregunta, y el patrón es preocupantes. Entre los estudiantes que terminaron la enseñanza básica con promedio inferior a 5, un tercio no rindió ninguna de las pruebas que le correspondÃa. En cambio, entre quienes tenÃan promedios iguales o superiores a 6,5, ese porcentaje cae al 8%. La historia se repite al mirar por vulnerabilidad: mas de un 20% de los estudiantes prioritarios no rindió alguna prueba, frente al 12% entre los no prioritarios. No es azar quién falta ese dÃa. Son los estudiantes con peores trayectorias y mayor vulnerabilidad los que desaparecen de la medición — justo los que el sistema más deberÃa conocer.
Las diferencias entre establecimientos van en la misma dirección. En colegios municipales y SLEP, más del 20% de los estudiantes queda sin puntaje en las prueba. Pero hay variaciones importantes dentro de esa categorÃa: algunos municipios están bajo el 15%, otros superan el 30%.
Y esto es solo parte del problema. Porque estos datos ni siquiera incluyen a los más de 14 mil jóvenes que desertan del sistema escolar cada año, donde la concentración de vulnerabilidad es aún mayor.
El resultado es una fotografÃa del sistema educativo tomada con el lente apuntado al 80% más estable. El resto los más vulnerables y los con mayores dificultades, no cuentan en el promedio ni en el titular.
El SIMCE es valioso. Tener información del 87% es mejor que no tenerla. Pero sus lÃmites importan, especialmente cuando se usan para diseñar polÃtica. Cuando los puntajes se estabilizan y los titulares celebran, casi nadie pregunta qué está pasando con el grupo que no aparece.
La evidencia es clara: invertir a tiempo en los estudiantes con más dificultades y con menos apoyo familiar es la manera más efectiva de lograr un cambio. Detectarlos, entenderlos, darle a los docentes las herramientas y el tiempo para acompañarlos antes de que sea demasiado tarde. El foco debe estar en esos alumnos invisibles al SIMCE, aquellos que el Estado tiene la mayor responsabilidad de cuidar. Si el sistema no los prioriza, seguirá perpetuando las mismas brechas que debe combatir.
Para quienes quieran profundizar en las herramientas para leer crÃticamente este tipo de evidencia y en los marcos para traducirla en polÃtica pública, la Universidad de los Andes ofrece el Diplomado en Análisis CrÃtico de Datos Educativos y el Diplomado en PolÃtica Educativa.
Escrito por Carolina Gazmuri
Académica del Diplomado en Análisis CrÃtico de Datos Educativos
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